niñJuan

Limpio mis gafas seguido. Me toca con la mano, no tengo paño.

Es importante para mí limpiar las gafas, las manchas me hacen recordar que son un filtro y mis ojos comienzan a detectarlas como un agente externo, me empiezan a dar piquiña, me las quiero quitar, me las quiero quitar. Me las quito. Y no veo un culo.

No es cierto, no veo tan mal, pero la transición me hace pensar que sí, y en ese preciso instante me emputo con el oftalmólogo.

 

Igualmente pienso que las gafas son bonitas y le hacen un bien a mi cara y mis ojos, y me las dejo, me las dejo quietas, quietisimas, ojalá no se muevan. Que no se muevan. 

Igual igual, que se descuadren, pero que se queden quietas, descuadradas y quietas por favor ¿si se puede asi? ojalá que sí doc, porque así lo quiero doc, ¿si se puede Juan?

 

Juan me molesta porque mis gafas son especialmente grandes para el tamaño de mi cara. Pero me encantan las gafas grandes.

 

Voy a contar cómo conseguí el paño para las gafas. Es una historia bien interesante eh.

 

Juan también es sexólogo. Ujum. Bien particular.

Las citas eran en el mismo espacio donde tenía las sillas oftalmológicas y otros instrumentos oftalmológicos que los oftalmólogos suelen usar, supongo que no tenía la decencia de tener otro consultorio porque, un sexólogo no necesita muchos instrumentos igual. 

En una de nuestras conversaciones él pareció sentirse muy incómodo, después de todo es mi oftalmólogo y también mi sexólogo, normal que se incomode.

Le dije, vea, qliar es qliar, quiero que piense que soy chevere y divertida, y que piense que qleo bien, que no me esfuerzo mucho, que soy como naturalmente buena, obvio, y aunque me  esfuerzo Juan, lo disfruto, pero definitivamente no soy naturalmente buena. Y si piensa que no soy naturalmente buena?

Quiero que mi cuerpo se vea eróticamente sutil cuando estamos juntos, quiero ser sofisticada a su lado, qué? sofisticada qliando?,  eso lo único que dice de mí es que no qleo bien, y no qliar bien es lo mas sexy y erotico que tengo. Juan yo creo que tú lo entiendes. 

 

Pero no, no entendía y me echo el agua, me echo al agua.

Ay malparido tan gentil, me echo al agua justo después de ir a su casa y a mi que me encanta nadar.

 

Juan tenía paños y yo no lo sabía. El paño limpia gafas. El PAÑO que yo no tenía y él nunca me quiso dar. Era muy evidente y no se me ocurrió, obvio, Juan es oftalmólogo, como no va a tener paños (en su casa, en el consultorio nunca los vi por alguna razón).  Entonces yo misma me las arregle, fui por el paño a su casa, recordemos, necesito limpiar mis gafas seguido.

 

Nunca había ido a su casa e igual la conocía muy bien, tan bien, que también sabía que yo sé que nos solemos observar con desconfianza.

Porque él ve y yo dejo, cuando él ve yo dejo y cuando yo miro él también se deja, se deja mirar, menos mal, que incomodo cuando no se dejan mirar, que se dejen mirar es muy importante.

Así como lo observaba a él, él dejaba que lo obsevase. 

Yo observando, observandome! ObservandoLO estoy observandoME.

 

Observándome también observó la casa, esa fue la revelación más azarosa de la visita, más que la anterior! La casa realmente simplemente era el espacio intermedio entre los dos. El hogar. Siempre estuve en la casa, siempre tuve los paños al alcance, entre dos puntos siempre hay un espacio intermedio, siempre vamos a tener casa, desde que no nos abracemos.

 

A decir verdad no soy muy hogareña. Soy más de aventura. Y Juan después que se dio cuenta que me di cuenta del tema de la casa me llevó a un río (este es el momento que me ahoga, por fin!) 

Me echo al río, al agua, salí del agua, fue una mala trampa.  Juan pensó que no sabía nadar.

Sabiendo que yo sabía que yo era él y que él soy yo. Una es más astuta de lo que él cree. Yo ya había encontrado el paño hace rato, antes de la visita ya había limpiado las gafas y no se lo dije, lo había engañado. Tal vez con las gafas sucias si me hubiera ahogado.

Me mando al agua Juan, pero eso me pone feliz,  porque me gusta el agua, y nadar me parece muy divertido. Entonces, qué divertido ser tan divertida. Ay soy lo máximo si o que Juan sí o que Juan. Ajammmmmm, ya con gafas limpias me había dado cuenta.

 

Despues de haber tratado de matar su parte femenina se sintio muy estupido, que tonto Juan!

El sabe perfectamente que pudo ser la niña Juan. Que él es la niña Juan. Que yo soy la niña Juan.

Lo único que mantiene el hogar, el cuerpo, es que no te toque. Aunque a veces si quiero, eso haría trizas tu autopercepción. Entonces me mantengo al margen lo suficientemente lejos como para que siempre haya la distancia necesaria para mantener el cuerpo, pero lo suficientemente cerca como para que siempre me vea. 

Ahora ambOs nos sentimos cómodAs así.