Mojigata

Tú tenías esa maña tan maluca de morderte las uñas. No, fuera solo mordértelas, tenías el ansia de romperlas y masticarlas, creo que alguna vez te tragaste un par. Asquerosa.

Esa noche, deseé tanto que tus dientes fueran tan filudos como para despedazarme o en todo caso romper la cuerda. Pero no, ahí estábamos, tú y yo amarradas a la parte fea de la finca. O bueno granero, pero granero suena como gringo.

Ya empezaba a oler maluco; suerte que ni tú ni yo nos vomitamos, porque no quiero ni imaginar como hubiera sido correr estando guasqueada, la verdad.

Estabas tú revolviéndote como una culebra, yo intentaba romper la hp cuerda. tenía que salvar a mi Amor. Y tú no dejabas de parlotear. Primero le llorabas y llorabas a don Matías, “que por favor nos soltara, que harías cualquier cosa, que se lo chupabas, que por favor” y blah blah blah.

Yo solo me quede callada, este marica de don Matiás pudo haber matado de un disparo limpio a cualquiera en sus buenos años mozos, ¿pero ahora? ¿Con esa tembladera del brazo izquierdo? No puede ni sostener bien un tenedor.

No había estado nunca tan feliz de que a alguien le diera culebrilla.

Viejo Hp homofóbico.

Tú te pusiste entonces a rezar el rosario, y luego ya no paraste. Me dio un poco de risa después del quinto rosario, ¿será que esta vieja no se sabe otra oración? Pensé.

El estruendo de la lluvia fue el que te callo al fin. sonaba como granizo, pero bien sabia yo, no lo era. Y entre tu llanto y lo otro, tintinearon las puntiagudas botas de don Matías. Abrió de una patada la puerta y la luz tenue de dentro me dejo ver como estabas y por consiguiente verme a mí.

Tenias la camisola cubierta de sangre, esa sangre que no dan ganas de lamer. Oxido que ya se estaba poniendo café. y tus cucos blancos estaban empapados, si te orinaste o te mojaste no lo sabre nunca. pero pues te llamabas Teresa, no se me haría a mi raro que fuera de lo otro.

don Matías estaba claramente tomado. Mientras se tambaleaba por las escaleras de madera, una madera tan pero tan vieja; se iba desabrochando el cierre del pantalón. don Matías era como un topo, chiquito, peludo y narizón. Con unas garras horribles, se acercaban cada vez más a ti. tanto temblabas que te coordinaste con la propia tembladera de su culebrilla.

SLASH

Le abrí todo el cuello a don Matías.

El huevon no se había dado cuenta. la noche anterior, cuando termino contigo, había dejado su machete a un lado de la mesa. Mientras te acariciaba el vientre, escondí su machete dentro de mi camisa, entre los huesitos esos de pared en mi espalda.

Yo nunca le parecí atractiva a don Matías, solo con ver mi sobaco hacía muecas. Aunque creo que esa noche quería conmigo, porque solo gemía mi nombre entre subía y bajaba su mano en su pene. Parecía más una invocación o un rosario dirías tú. 

La sangre salió como múltiples disparos y te termino de caer toda en tus piernas. Tus cucos ahora si estaban rojos. Rojo, real rojo. Rojo real

Te pusiste más pálida que la columna de don Matías y diría, yo,  que empezaste a rezar el rosario otra vez. Estábamos de nuevo ahí, la puta y la santa. Te corte justo la yugular, la cuerdita que sí pudimos romper. La cuerdita con la me sapeaste perra hijueputa, la cuerdita con la que don Matías nos ató pensando en mi Amor. te confundió con mí Amor. Pero yo no te hubiera tocado ni aunque fueras la última mujer en la tierra.

Te quedaste ahí colgada

San Sebastián sin maricada.

Y la mártir que siempre quisiste ser

Después de limpiar bien mi nuevo machete, salí de la finca al pastal. al campo de maíz seco que no pertenecía a este malparido pueblo.

Di tres y cuatro y cinco vueltas descalzas, el mundo giraba en mi eje esa vez.

Y entonces, ahí si fui por 

Mí Amor.